Decir « Bonjour » en Francia

Al subir al autobús, un español no saluda automáticamente al conductor con un « ¡Hola! ». No se trata de desprecio o de falta de respeto, es la manera de obrar, es cultural. El español sube y se sienta; aunque haya pedido y pagado su billete, es poco probable que haya saludado previamente a su interlocutor.

Los españoles que hayan viajado a Francia y se hayan encontrado en la misma situación seguro que se habrán sorprendido por la reacción del conductor en una situación así (reacción más o menos amable, por cierto).

– Un ticket, s’il vous plaît !

– Bonjour Madame ! (Bonjour Monsieur !)

Y ahora estás obligado a responder a su saludo antes de que reformule tu demanda, lo que dará el siguiente intercambio:

– Un ticket, s’il vous plaît !

– Bonjour Madame ! (Bonjour Monsieur !)

– Bonjour Monsieur !

– Alors, vous m’avez dit un ticket, c’est ça ?

En Francia, el saludo es indispensable en cualquier interacción verbal; rara vez se puede prescindir de él. No respetar esta costumbre te expone a iniciar una conversación, aunque sea muy corta, en malas condiciones. Pero hay situaciones en las que, incluso sin ningún intercambio verbal, se espera que saludes a la otra persona.

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La reunión de trabajo en Francia

Una encuesta de 2020 ha demostrado que una gran mayoría de los asalariados franceses cree que las reuniones de trabajo no son productivas. Este tema es aún más delicado ya que dedican un promedio de 4 horas semanales a reuniones (por cierto, se ha demostrado que cuanto más importante es la empresa, más numerosas son las reuniones). Según algunos, empresas están sufriendo una «reunionitis» aguda.

Pero esto es olvidar que en Francia la reunión es más un lugar de debate que de decisión. Por esta razón, aunque en principio es de mala educación interrumpir a un interlocutor, sigue siendo relativamente habitual durante una reunión profesional. Cada uno busca, sobre todo, convencer a la asamblea, explicar y justificar cada elemento mencionado. Las preguntas son numerosas y las digresiones sobre el orden del día son frecuentes. Asimismo, con el fin de facilitar el debate, se desaconseja generalmente interrumpir las conversaciones privadas entre compañeros durante la reunión: éstos no discuten necesariamente sus próximas vacaciones, sin duda también intercambian ideas interesantes sobre el tema en curso.

Los franceses adoptan a menudo un razonamiento deductivo: se basan en un contexto generalpara llegar a propuestas particulares. Un discurso estructurado (donde los conectores se exponen casi sistemáticamente) apoya este razonamiento. También hay una tendencia a personalizarlos problemas, lo que puede relegar a un segundo plano la búsqueda de una solución.

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Negocios en francés en África Occidental

Muchos países de África Occidental hablan francés y allí podrás hacer negocios en este idioma. Tendrás que adaptarte a la cultura local y es fundamental integrar adecuadamente estas diferencias interculturales.

En principio, los africanos son, en general, mucho más formalistas que los franceses -¡no olvides que estos últimos ya son más formalistas que los mediterráneos! Si un francés tolera fácilmente un enfoque informal, no es tanto el caso de un africano. Este formalismo se refleja en el lenguaje: el estilo es más « escrito » o incluso libresco. Así, en el discurso, la supresión de la primera negación « ne » es menos frecuente: « Je ne pense pas que cela soit important » en lugar de « Je pense pas que cela soit important »; se descarta el estilo coloquial y el argot.

Este formalismo también se refleja en el código de vestimenta, que es más estricto. En general, cualquier ausencia de formalismo se interpreta como una falta de respeto. Las sociedades africanas están extremadamente jerarquizadas y más bien asocian edad y competencia.

A diferencia de los franceses, los africanos recurren a la comunicación indirecta e implícita. Un « sí »no siempre es una garantía de apoyo ni necesariamente una garantía del inicio de la aplicación de una directiva. Asimismo, no es habitual manifestar abiertamente el desacuerdo. A veces es necesario decodificar bien el mensaje: algunos problemas, incluso los graves, se pueden comunicar con medias palabras y una sonrisa, lo que puede generar confusión para algunos occidentales.

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Interculturalidad: el peso del sistema educativo

Para conocer mejor las características culturales e interactivas de una comunidad, es absolutamente indispensable conocer el sistema educativo y los valores que transmite indirectamente. De hecho, es el sistema educativo el que determina en gran medida la relación de los individuos con la autoridad, el modo de comunicación, las actitudes en público o la percepciónde uno mismo. Este desconocimiento es el origen de muchos malentendidos interculturales y, sin embargo: ¿quién se toma el tiempo para interesarse realmente en ello?

¿Cuáles son las características del sistema educativo francés? Resumiendo muy brevemente, se podría decir que en Francia la educación tiene dos objetivos:

  • Desarrollar la independencia y la autonomía de cada persona
  • Saber exponer sus ideas personales y poder defenderlas frente a la contradicción

La primera observación que se impone es que el trabajo en equipo, saber cooperar con el otro, negociar objetivos y medios, no es un objetivo prioritario del sistema educativo francés. La segunda es que un francés tenderá a seguir instrucciones, incluso órdenes, sólo si las entiende y las comparte. El impacto de estas particularidades en la vida profesional es evidente: la autonomía, luego el espíritu de equipo, la Razón y luego la jerarquía.

¡Deberás tenerlo en cuenta cuando tengas que colaborar con franceses si quieres que esto salga lo mejor posible!

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Dar un beso en Francia

En Francia, la forma más habitual de saludarse entre personas próximas sigue siendo el beso, incluso entre hombres. La primera vez que besas a alguien, surgen dos dificultades. En primer lugar, tendrás que decidir con qué mejilla comenzarás: ¿la derecha o la izquierda? ¡No todo el mundo comienza por la misma! Si se pone la misma mejilla que nuestro interlocutor, se producirá un pequeño momento de confusión, especialmente porque nuestras respectivas bocas de repente estarán muy cerca y besarse en la boca está reservado para aquellos que se aman

La segunda dificultad es la cantidad de besos. La mayoría de los franceses hacen dos; algunos, muy minoritarios, solo hacen uno; otros hacen tres (en el sudeste) o incluso cuatro (al norte del Loira). Si no cuentas con el mismo número de besos que tu interlocutor, es la ocasión propicia para otro momento de confusión: uno de los dos, deseando dar un beso adicional, avanzará la mejillamientras que el otro, habiendo terminado, alejará su cabeza. La primera persona, por lo tanto, se verá momentáneamente un poco ridícula.

Estas dos dificultades no son exclusivas de los extranjeros que no conocen bien las costumbresfrancesas: los propios franceses están acostumbrados a manejar este tipo de situaciones. ¿Cómo resolver estas situaciones, que son aún más delicadas si no conoces o no conoces bien a la otra persona (de lo contrario, sabrías con qué mejilla comienza y la cantidad de besos que hace)? En ambos casos, los franceses tienen la misma reacción: ríen (para reducir la vergüenza) y comentanla situación: ¿¡Ah!? ¿Empieza /empiezas por la derecha? « ¿¡Ah!? ¿Hace / haces tres? ». Nos reímos y cada uno memoriza la manera de hacer del otro: la próxima vez, antes de besarse, siempre riendo, diremos « ¿Así que? ¿por dónde empezamos? con la izquierda o la derecha? » « ¿Cuántoshacemos? » . De esta manera, encontraremos un terreno común y habremos fijado nuestro saludopara el futuro.

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El tuteo en el trabajo

Durante mucho tiempo reservado a la esfera familiar o íntima (ver nuestro post), el «tú» se democratiza, incluso en el trabajo. Por tanto, el tuteo ya no se considera una grosería (antes, tutear a una persona imprudentemente te exponía a la réplica fulminante: « On n’a pas élevé les cochons ensemble ! », es decir: «¡No hemos criado a los cerdos juntos!»).

En algunas empresas, el sociólogo Baptiste Coulmont habla incluso de «cultura del tuteo», ya que esta generalización, lejos de ser una opción, se convierte poco a poco en el modo habitual de comunicación.

¿Cuáles son las razones de esta tendencia? La voluntad de difuminar las diferencias jerárquicas parece la principal. El uso del «tú» da también una imagen más moderna y relajada de la empresa: parece que las start-up han adoptado el futbolín y el tenis de mesa al mismo tiempo que el tuteo!

Ciertamente, algunos sectores, en particular la administración pública, presentan signos de resistencia a la emergencia del «tú». Pero, sobre todo, como explica Alex Alber de la Universidad de Tours, «se trata, ante todo, de una práctica de hombres y ejecutivos del sector privado. Sólo una de cada diez mujeres tutea a su jefe. Sin embargo, este es el caso de siete de cada diez hombres». Lejos de indicar realmente alguna proximidad, el tuteo parece ser más bien un sutil marcador social. Un(a) empleado(a) preferirá, en principio, tratar de usted a su superior. La generalización del «tú» no es, por tanto, tan sistemática como parece…

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Con los franceses, ¡utilizad vuestra cultura mediterránea!

Conocer y adaptarse a los usos y costumbres de la cultura del otro es primordial si se quiere facilitar la comunicación y evitar numerosos malentendidos. Ya no se calcula el número de contratos que no han sido firmados en base a una incomprensión intercultural de las dos partes -incomprensión ligada a menudo a un pequeño «detalle» que toma, repentinamente, una importancia desmesurada.

Pero no se trata de olvidar nuestras costumbres para «simular» las del otro; hace falta también saber continuar siendo natural y utilizar en el momento oportuno los prejuicios del otro sobre nuestra cultura.

Con respecto a las relaciones humanas, el francés tiene, por ejemplo, un a priori positivo hacia los mediterráneos. Es suficiente que un italiano o un español lo tutee o le toque el brazo durante la conversación para que se sorprenda encantado de su cordialidad y piense: ¡«Caray estos españoles/italianos! ¡qué simpáticos son y cómo todo es tan fácil con ellos! (y olvidará completamente que un compatriota, teniendo la misma actitud, ¡lo habría ofuscado!).

No tengáis miedo, pues, de recurrir a estos medios para acercarse mejor a vuestro interlocutor e instaurar un clima de confianza en el momento de una negociación: fingid olvidar que sabéis el tratamiento de usted obligatorio, haced como en vuestra lengua, tuteadlo; lo que no aceptaría nunca de un compatriota será acogido complacido si sois vosotros. Se trata simplemente de no superar el límite de lo aceptable para vuestro interlocutor. Una atención activa y un poco de intuición os tendrían que permitir conseguirlo.

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En Francia, se ofrece muguete el primero de mayo

Porque huele bien, se compone de campanitas (las campanas siempre se han asociado con la buena suerte) y era relativamente poco frecuente en el sotobosque, el muguete se ha impuesto poco a poco como la vegetación amuleto.

A finales del siglo XIX, una huelga sacude Chicago proveniente de obreros que reclaman 8 horas de trabajo diario. En memoria de este día de reivindicación, la Segunda Internacional Socialista en París, que se había reunido en honor del centenario de la Revolución Francesa, hizo del primero de mayo un día de lucha mundial para reivindicar la jornada de 8 horas. Este día se dedicará a las reivindicaciones sindicales en los países industrializados. En Francia, el presidente Vincent Auriol hará que sea un día festivo en 1947.

Los obreros estaban acostumbrados de poner en su ojal un triángulo rojo que recordaba la división del trabajo (8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de ocio) con motivo del 1 de mayo. En seguida, este triángulo fue sustituido por una eglantina rosa. Estando vinculada la fortuna del muguete al primero de mayo, los trabajadores decidieron en 1907 aprovecharse de ello. A partir de ese momento llevaran el muguete en el ojal.

El 1 de mayo, todo el mundo tiene el derecho de vender unas ramitas de muguete: sólo hay que estar a 40 metros de una floristería.

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Le «piston» en Francia: ¡una buena manera de obtener ventajas!

En Francia, como en todas las partes del mundo, es posible entrar en una empresa por “piston” (expresión coloquial). La imagen habla por sí sola: obtenéis un empleo gracias a un apoyo que, como el pistón, te eleva de una manera que permite distinguirte mejor del lote de candidatos. Entonces se te dirá que estás “pistonné” (lo cual puede ser peyorativo si no eres muy competente …).

« Tu ne vas pas me dire que ton beau-frère est entré dans l’entreprise où tu travailles uniquement grâce à ses compétences ? »

« Bien sûr que non ! Je l’ai pistonné. »

Medio muy eficaz para obtener un puesto de trabajo, el “piston” también puede ser útil para beneficiarse de cualquier ventaja.

« Où as-tu pu acheter ce champagne à un tel prix ? »

« J’ai un bon piston ! »

Hoy en día, a menudo preferimos hablar de «boca a boca«, de «relaciones«, de «recomendación» o mejor aun, de «red«. Sin embargo, ¡la diferencia entre la «red» y el “piston” es a veces muy tenue!

El “piston” puede tomar una forma particular: un empleado que obtiene un ascenso dentro de una empresa gracias a sus relaciones sentimentales con su superior jerárquico, eso se llama «la promotion canapé«, es decir, “la promoción de la cama”.

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Hablar de dinero en Francia

En Francia, ciertos asuntos se abordan lo menos posible; para ser sinceros, son tabú: es el caso del dinero. Dejando aparte las generalidades del uso de la cuestión, los franceses nunca hablan de dinero, y especialmente de su dinero.

Incluso entre amigos o en familia, sólo nos queda imaginar, suponer o deducir el salario de una persona en función de su nivel de vida. Es inimaginable que se pueda preguntar directamente a alguien cuáles son sus ingresos, ni que una persona nos anuncie, de la manera más natural del mundo, cuánto gana al mes. Tanto en un caso como en otro, es el colmo de la vulgaridad y del mal gusto. Y siempre es un tema que queda “desplazado”. Los franceses, en esto, son muy diferentes de otros pueblos (los norteamericanos, por ejemplo).

¿Por qué hay tanta discreción sobre este tema? El motivo es que para ellos el dinero es a menudo algo sucio. La riqueza es, por cierto, sospechosa, los “signos externos de riqueza” a menudo están menospreciados o son motivo de burla.

En el trabajo, por regla general, ocurre lo mismo. No sabréis el salario de vuestros compañeros; por cierto, nunca hablaréis de esto con ellos. Como máximo, supondréis, en función de su antigüedad, de su puesto de trabajo, de sus calificaciones, que Fulanito gana aproximadamente tantos euros al mes. Este cálculo, para “situar” al otro, se hace casi de forma inconsciente y automática. Todo el mundo está acostumbrado a esto, todos lo hacen, de tal forma que esto no molesta a nadie.

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